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Conversión verdadera o falsa

“He aquí que todos vosotros encendéis fuego y os rodeáis de teas; andad a la luz de vuestro fuego, y de las teas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto, en dolor seréis sepultados”. (Isaías 50:11).

En este versículo el profeta estaba hablando a aquellos que se titulaban o rotulaban de religiosos, engañándose a sí mismos con la idea de que eran salvos. Su esperanza era sólo el fuego de sus propias antorchas, inflamadas por ellos mismos.

Voy a ir un poco más allá en la discusión del tema de la conversión verdadera o falsa. Deseo aclarar que solamente será útil o de beneficio para aquellos que sean honestos en aplicarla para si mismos. Si deseas aprovechar algo de lo que voy a decir, debes decidir hacer una fiel aplicación personal.

Sé honesto, como si te hallaras parado delante del Señor. Si haces esto, entonces espero ayudarte a descubrir tu verdadero o real estado con el Señor.

Si en este momento estás engañado, espero guiarte hacia el verdadero camino de la salvación. Pero si no eres honesto, mi predicación será en vano.

Deseo mostrarte la diferencia entre la conversión verdadera y la falsa según el siguiente orden:

1. Mostrar que la condición natural del hombre es un estado de total egoísmo.

2. Indicar que el carácter del cristiano es benevolente, -es decir, que escoge la felicidad de otros.

3. Advertir que el nuevo nacimiento en Cristo Jesús consiste en un cambio que nos saca del egoísmo y nos lleva a la benignidad.

4. Señalar algunas áreas en donde los santos y pecadores – falsos o verdaderos- son iguales, y otras áreas en las cuales son diferentes.

5. Contestar algunas preguntas.

6. Concluir con algunas advertencias.

I. EL ESTADO NATURAL DEL HOMBRE, O LA CONDICIÓN EN QUE LOS HOMBRES SE ENCUENTRAN ANTES DE LA CONVERSIÓN ES DE EGOÍSMO PURO Y SIN MEZCLA.

Egoísmo significa poner en primer lugar tu propia felicidad y buscar tu bien personal, porque en eso obtienes beneficio. Quienquiera que sea egoísta, coloca su propia felicidad por encima de otras cosas que tienen más valor, tales como la gloria de Dios y el bien de todo universo. Es obvio que todas las personas se encuentran en esta condición antes de convertirse. Es sabido que la gente se relaciona entre si sobre el principio del egoísmo. Si alguno pasa por alto esto y procura tratar con otros como si no fueran egoístas, sería considerado un tonto.

II. EL CARÁCTER DEL CRISTIANO ES BENEVOLENTE.

Bondad significa amar la felicidad de otros, o más bien escoger la felicidad de los demás. Esta es la manera de pensar de Dios. Se nos enseñó que Dios es amor; es decir, es benevolente. La bondad es el modo de ser de todo su carácter. Todas sus cualidades son solo expresiones diferentes de su benevolencia. Cualquier persona que se convierte es, en este como Dios. No quiero decir que nadie se ha convertido a menos que sea tan pura y perfectamente benevolente como lo es Dios –pero que su característica principal es la bondad. El busca sinceramente el bien de otros por amor a ellos mismos y no porque, al fin, eso lo hará feliz a él. El no hace feliz a las personas con el propósito de buscar su propia felicidad, sino porque el ama la felicidad de ellos. No es que el no se goza en bendecirlos, sino que su meta no es buscar su propia felicidad. El hombre que no es egoísta encuentra gozo haciendo el bien. Si no amara hacer el bien, entonces no tendría ningún valor practicarlo. Bondad es santidad. Es aquello que requiere la ley de Dios. “amaras al Señor tu Dios, con toda tu alma, y con toda tu mente y…a tu prójimo como a ti mismo”. (Mateo 22:37,39). En la medida en que el hombre convertido obedece la ley de Dios, se torna benevolente como lo es Dios.

III. LA VERDADERA CONVERSIÓN ES UN CAMBIO QUE VA DESDE EL MÁXIMO EGOÍSMO HASTA EL AMAR EL BIEN DE OTROS.

La verdadera conversión es un cambio en la meta que estás persiguiendo, y no un simple cambio en la forma en que la alcanzas. No es cierto que el convertido y el inconverso tienen los mismos objetivos y que solamente difieren en los métodos que utilizan para llegar a ellos.

Un hombre puede cambiar sus métodos, y aún así tener su propia felicidad como objetivo. Puede ser que no crea ni en Jesús ni en la eternidad, y todavía darse cuenta que hacer el bien será para su propio provecho en este mundo, y que le trae muchos beneficios temporales.

Ahora, supongamos que este hombre finalmente comprende la realidad de la eternidad y escoge la religión como un camino para encontrar la felicidad allá. Ahora bien, todos sabemos que no hay virtud alguna en esto. No es su servicio para el Señor que lo bendice, sino que son importantes los motivos por los cuales sirve a Dios. El verdadero convertido escoge la gloria de Dios y el bien de Su Reino como meta. Escoge esto por el valor que tiene en sí, porque lo considera como un bien mayor que su propia felicidad personal. No es que no tenga interés en su propia felicidad, sino que prefiere la gloria de Dios, porque es un bien mayor. Estima la felicidad de cada individuo de acuerdo a su real importancia (en la medida en que sea capaz de evaluarlo), y escoge el bien mayor como la meta más alta.

IV. AHORA DESEO MOSTRAR ALGUNAS ÁREAS DE COINCIDENCIA Y OTRAS EN LAS QUE DIFIEREN LOS SANTOS VERDADEROS Y LAS PERSONAS QUE ESTÁN ENGAÑADAS.

1. Ambos están de acuerdo en llevar una estricta conducta moral. La diferencia radica en sus motivos. Los santos verdaderos llevan una vida moral porque aman la santidad. Las personas que están engañadas a causa de egoístas consideraciones, utilizan la moralidad como un medio para obtener un fin, para lograr su propia felicidad.

2. Pueden ser semejantes en cuanto a la oración, en la medida en que la apariencia exterior lo demande. La diferencia radica en los motivos. El santo verdadero ama la oración –la persona que está engañada ora porque espera obtener un beneficio de ella y no porque sea el motivo principal.

3. Pueden ser igualmente celosos por la religión. Uno puede tener un gran celo porque se celo está de acuerdo a si conocimiento y porque desea sinceramente servir al Señor por amor. El falso creyente puede mostrar el mismo celo, con motivo de asegurar su propia salvación, y porque teme ir al infierno si no trabaja para el Señor. También puede servir a Dios para tranquilizar su conciencia y no porque verdaderamente lo ame.

4. Ambos pueden amar la ley de Dios. –El santo verdadero, porque ella es tan excelente, santa, justa y buena; el otro, porque piensa que lo hará más feliz si la ama.

5. Pueden estar de acuerdo en cuanto a la penalidad de la ley. El verdadero santo está de acuerdo con ella aplicándola a su caso personal, porque considera justo el hecho de que Dios lo mande al infierno. La persona que está engañada siente respeto por ella porque sabe que el justa, pero piensa que él no está en peligro a causa de ella.

6. Ellos pueden, en muchas cosas, negarse a sí mismos de la misma manera. La autonegación no se limita a los santos verdaderos. Piensa en los sacrificios y la abnegación de los musulmanes que van en sus peregrinaciones hasta la Meca. Considera la disciplina y las renuncias de aquellos extraviados y perdidos en los cultos y religiones orientales. Los santos verdaderos se niegan a sí mismos con el fin de hacer bien a otros. Sus sacrificios no están centralizados en sus propios intereses y gratificaciones. Las personas que están engañadas pueden llegar hasta el mismo objetivo, pero partiendo de motivos puramente egoístas.

7. Ambos están dispuestos a sufrir martirio. Lee acerca de la vida de los mártires, y no tendrás duda de que alguno de ellos estuvieron dispuestos a sufrir partiendo de una idea equivocada sobre la recompensa del martirio. Se lanzaban hacia su propia destrucción porque estaban convencidos de que era el camino seguro hacia la vida eterna.

8. Ambos pueden prestar la misma atención a aquello que es justo; el verdadero convertido, porque ama la justicia y el falso, porque sabe que no puede ser salvo a menos que practique lo recto. Puede ser honesto en las transacciones de sus negocios habituales, pero no tiene motivos más altos. No recibirá recompensa de Dios.

9. Pueden coincidir, en muchos aspectos.

Puede coincidir en los deseos de ser útiles –el verdadero convertido desea ser útil por amor; la persona que está engañada, porque sabe que ese es el camino para obtener el favor de Dios.

Ambos pueden desear la conversión de almas –los santos verdaderos porque glorificará el nombre de Dios, los segundos para obtener el favor de Dios. Pueden estar motivados para esto, de la misma manera que lo están para dar dinero. Todos sabemos que una persona puede dar su dinero para la Sociedad Bíblica o para la Sociedad Misionera partiendo solamente de motivos egoístas –para ganar felicidad, alabanza de los hombres o para obtener el favor de Dios. De la misma forma puede desear la conversión de las almas y trabajar para promoverla, pero con motivos puramente egoístas.

Ambos pueden desear glorificar a Dios.

-los santos verdaderos porque aman ver a Dios glorificado; y la persona engañada porque sabe que ese es el camino para ser salvo. El verdadero convertido tiene su corazón puesto sobre la gloria de Dios por amor a El mismo. El segundo, la desea como un beneficio propio.

Ambos pueden desear arrepentirse.

El verdadero convertido odia el pecado porque hiere y deshonra a Dios, y por lo tanto desea arrepentirse de él. El falso convertido desea arrepentirse porque sabe que si no lo hace será condenado.

Ambos pueden desear obedecer a Dios. El creyente verdadero obedece para poder aumentar su santidad. El falso convertido obedece porque desea la recompensa de la obediencia.

10. Ambos pueden coincidir acerca de las cosas que aman. Ambos pueden amar la Biblia. –el santo verdadero porque es la verdad de Dios. Se deleita en ella y tiene un banquete en su alma. La persona engañada ama la Biblia porque piensa que es para beneficio propio, y lo entiende como el plan para satisfacer o cumplir sus propias esperanzas.

Ambos pueden amar a Dios. –uno porque comprende que el carácter de Dios es hermoso y atractivo en sí mismo, y Lo ama por amor a El mismo. El otro, porque piensa que Dios es un amigo especial que lo va a hacer feliz para siempre y conecta la idea de Dios con sus propios intereses egoístas.

Ambos pueden amar a Cristo. El verdadero convertido ama su carácter. La persona que está engañada piensa que El lo salvará del infierno, y que le dará vida eterna…entonces, ¿Por qué no amarlo?

Ambos pueden amar a los cristianos. – el verdadero convertido ve en ellos la imagen de Cristo, y se goza con sus conversaciones espirituales. Las personas que están engañadas aman a los cristianos porque ellos pertenecen a la misma denominación, o porque están en el mismo bando. También aman hablar acerca del interés que tienen en la cristiandad y en la esperanza de ir al cielo.

Ambos aman asistir a los cultos religiosos. –el santo verdadero, porque su corazón se deleita en los actos de adoración, oración, alabanza y en escuchar la Palabra de Dios –el falso convertido, porque piensa que una reunión religiosa es un buen lugar para sostener su esperanza.

Ambos pueden encontrar placer en la oración privada -el santo verdadero, porque se acerca a Dios. Y encuentra comunión con El. La persona que está engañada encuentra una forma de satisfacer su justicia propia en ella, porque es su deber orar en secreto.

Ambos pueden amar la doctrina de la gracia. –el santo verdadero, porque es tan gloriosa para Dios; y el segundo, porque piensa que ella es una garantía para su propia salvación.

11. Ellos pueden estar de acuerdo en odiar las mismas cosas. Pueden odiar las inmoralidades sexuales y oponerse a ella vigorosamente. –el verdadero creyente, porque éste es repulsivo para Dios; y la persona engañada, porque lo hiere personalmente. Es común para la gente odiar sus propios pecados, y aún así no abandonarlos.

Ambos pueden estar en contra de los pecadores. La oposición de los santos verdaderos es por amor. Comprenden que el carácter y la conducta de los pecadores está calculada para destruir el Reino de Dios. Los falsos creyentes se oponen a los pecadores porque ellos están en contra de la religión y porque no pertenecen al mismo bando.

En todos estos casos, los motivos de uno van directamente en contra del otro. La diferencia radica en la elección de sus metas. Uno escoge sus propios intereses, y el otro decide por los intereses de Dios como su meta principal.

V. DESEO CONTESTAR ALGUNAS PREGUNTAS COMUNES.

1. “Si estas dos clases de personas se asemejan en tantas cosas, ¿Cómo podemos conocer nuestro propio carácter real, o saber a cuál clase pertenecemos? Sabemos que el corazón es engañoso más que todas las cosas, y desesperadamente perverso (Jeremías 17:9), entonces cómo vamos a saber si amamos a Dios y la santidad por amor a ella misma, o si buscamos el favor de Dios y apuntamos al cielo por nuestro propio beneficio?”

Si somos verdaderamente benevolentes, se manifestará en nuestro comportamiento diario. Si somos egoístas en nuestras relaciones con los hombres; también lo seremos para con Dios. “Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto” (1 Juan 4:20). Ser un cristiano ser un cristiano no significa amar a Dios solamente, sino también a los hombres. Y si nuestro andar diario muestra que somos egoístas, no somos convertidos.

Si no eres egoísta, tus responsabilidades espirituales no serán algo rutinario. Algunas personas hacen lo que Dios dice con la misma actitud que un hombre enfermo toma sus remedios –porque desea los buenos resultados, y sabe que debe tomarlos o perecerá.

Si eres egoísta, tu gozo dependerá de la fuerza de tu esperanza para ir al cielo. Cuando te sientes muy seguro de ir al cielo, entonces te gozas mucho en ser cristiano. Tu gozo depende de tu esperanza, y no en el amor a las cosas que esperas. No quiero decir que el santo verdadero no se goza en su esperanza, pero no es la cosa más importante para él. Piensa muy poco acerca de sus propias esperanzas porque sus pensamientos están ocupados con otras cosas de mayor valor.

Si eres egoísta tus alegrías serán principalmente por anticipación. El santo verdadero goza ya la paz de Dios y el cielo ha comenzado en su alma. No tiene que esperar hasta morir para gustar el gozo de la vida eterna. Su gozo es proporcional a su santidad, y no proporcional a su esperanza.

Para la persona engañada la obediencia es un propósito, mientas que para el santo la obediencia es su preferencia. Esta es una distinción importante, y temo que pocas personas la hacen. El santo verdadero realmente prefiere y en su corazón encoge la obediencia –por lo tanto le resulta fácil obedecer, porque sabe que es el único camino para la felicidad. El verdadero creyente encoge santidad por amor a ella misma, y es santo.

El verdadero creyente y la persona que está engañada difieren, también, en su fe. El santo verdadero tiene confianza en el carácter de Dios que lo guía, y su corazón está completamente rendido a El. La confianza en las promesas especiales de Dios depende de la confianza en el carácter de Dios. Hay dos principios por los que cualquier gobierno, humano o divino, es obedecido, -temor o confianza. Toda obediencia nace o brota de unos de estos principios. En un caso, los individuos obedecen por la esperanza de la recompensa y el temor al castigo. En el otro caso, la sujeción o rendición viene por la confianza en el gobierno, el cual es regido por amor. Un niño obedece a sus padres porque los ama y confía en ellos. El otro demuestra una aparente obediencia motivada por la esperanza y el temor. El verdadero creyente tiene una fe, o confianza en Dios, que lo guía para obedecer por amor. Esta es la obediencia de la fe. La persona engañada tiene una sujeción y fe parciales. El demonio también tiene una fe parcial. El cree y tiembla. Una persona puede creer que Cristo vino para salvar a los pecadores y sobre esa base puede sujetarse a El y ser salvo. Pero no se rinde totalmente a la soberanía de Su autoridad ni Le entrega el control de su vida. Su sujeción es solamente la condición por la que el será salvo. El nunca puede decir, “Que así sea”, con una confianza sin reservas en el carácter completo de Dios. Su religión es la de la ley. El otro tiene la fe del Evangelio. Uno es egoísta, el otro es benévolo. Aquí reside la verdadera diferencia entre los dos. La religión de uno es hipócrita y aparente; la del otro es del corazón –santa y aceptable a Dios.

Si eres egoísta, sólo te regocijarás en la conversión de los pecadores cuando tienes una parte en ella. Sentirás muy poca satisfacción cuando la gente se salve através de otros. La persona egoísta se regocija cuando tiene éxito y es activo en la conversión de los pecadores, porque piensa que tendrá gran recompensa. Pero sentirá envidia cuando algunos llevan a otros a Cristo. El santo verdadero se deleita sinceramente en ver a otros que son útiles, y se goza cuando los pecadores se convierten a través de otros, tanto como si fuera el mismo partícipe de ello.

2. ¿No debería tener una recompensa por mi propia felicidad?

Es correcto estar interesado acerca de la felicidad propia de acuerdo al valor relativo que ella tiene. Compárala con la gloria de Dios y el bien del universo, y luego decide –dándole el valor que realmente le corresponde. Esto es, exactamente, lo que Dios hace. Y es esto lo que El quiere decir cuando nos manda a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. ¡Qué interesante!, cuanto menos ocupado estés por conseguir tu propia felicidad –tanto más feliz serás. La verdadera felicidad consiste principalmente en cumplir los deseos que no son egoístas. Si te propones hacer el bien por amor a él mismo, entonces serás feliz en la medida en que lo practiques. Pero si haces el bien para asegurar, sencillamente, tu propia felicidad, fracasarás. Serás como el niño que persigue su propia sombra, y nunca puede pasar por encima de ella, porque siempre está detrás de su cabeza.

3. ¿No menospreció Cristo el gozo puesto delante de El?

Es verdad que Cristo despreció la vergüenza y soportó la cruz, y tuvo recompensa por el gozo que estaba delante de El. ¿Pero cuál era el gozo puesto delante de El? No era su propia salvación ni su propia felicidad, sino el gran bien que El haría salvando al mundo. Su meta era la felicidad de otros. Este era el gozo puesto delante de El… y esto es lo que El obtuvo.

4. ¿No miro moisés la recompensa?

Si, moisés estaba mirando la recompensa. Pero ¿era la recompensa para su propio beneficio? Lejos de serlo, la recompensa era la salvación del pueblo judío. En una oportunidad Dios propuso destruir al pueblo de Israel y hacer de moisés una gran nación. Si éste hubiera sido egoísta, hubiera dicho: “Si, Señor. Hágase como Tu siervo conforme a Tu palabra.” Pero, ¿Qué dijo? A causa de que su corazón estaba tan involucrado en la salvación de su pueblo y en la gloria de Dios, no podía pensar de esa manera ni siquiera por un momento. Por el contrario, el dijo: “…que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de Tu libro que has escrito” (Ex. 32:32). Esta no es la respuesta de un hombre egoísta.

5. ¿No dice la Biblia que nosotros amamos a Dios porque El nos amó primero?

Implica dos significados diferentes: 1) Su amor por nosotros ha hecho posible que nosotros Le amemos. 2) Nosotros Lo amamos por la bondad y el favor que El nos ha mostrado. El segundo significado, obviamente, no es correcto porque Jesucristo dio muy claramente la enseñanza en el sermón del monte: “Y si amamos a los que nos aman, ¿qué recompensa tenemos? Porque aun los pecadores aman a los que aman” (Lucas 32:32). Si amamos a Dios por sus favores para con nosotros y no por Su carácter, no somos diferentes de los que no son convertidos.

6. ¿No ofrece la Biblia felicidad como la recompensa de la virtud?

La Biblia habla de la felicidad como el resultado de la virtud, pero en ninguna parte se trata de tu propia felicidad como la razón para hacer lo que es justo.

7. ¿Por qué la Biblia llama continuamente la atención acerca de la esperanza y los temores de los hombres, si un interés por nuestra propia felicidad no es la motivación justa para hacer nuestras acciones?

El hombre naturalmente teme al dolor y no está mal evitarlo. Los hombres están tan absorbidos con sus pecados, que Dios no puede atraes su atención para que ellos conozcan Su verdadero carácter y las razones para amarlo; entonces necesita apelar a sus temores y esperanzas. Pero una vez que están despiertos El les presenta el Evangelio. Cuando un ministro ha predicado los terrores del Señor hasta que sus oyentes se han alarmado y despertado, entonces debería mostrarle el carácter de Dios, para llevar sus corazones por su propia excelencia.

8. ¿No ofrece el Evangelio perdón como un motivo para la redención?

Si tú quieres decir que el pecador va a arrepentirse basándose en la condición de que será perdonado, entonces aclaro que la Biblia no dice tal cosa. Nunca autoriza a un pecador a decir, “Me arrepentiré si me perdonas,” y en ningún lugar ofrece perdón como la causa del arrepentimiento.

VI. ALGUNAS OBSERVACIONES FINALES.

1. Algunas personas están más ansiosas por convertir a los pecadores que ver a la iglesia santificada y a Dios glorificado por las buenas obras de Su pueblo. Muchos desean ver a la gente salvada, no porque sus vidas y hechos lastiman y deshonran a Dios, sino porque sienten lástima de ellos mismos y no quieren verse yendo al infierno. Los verdaderos creyentes están turbados por el pecado, pues, deshonra a Dios. Pero están más angustiados cuando los cristianos pecan porque esto deshonra mucho más a Dios. A algunas personas parece importarles muy poco acerca de la condición de la Iglesia, mientras que pueden ver prosperar el trabajo de la conversión. Para ellos el “éxito” del esfuerzo evangelístico equivale a “éxito” de la iglesia, pero no están realmente ansiosos por honrar a Dios. Esto nos muestra que no están motivados por un genuino amor hacia Dios y la santidad, sino por sus propios sentires y emociones humanas por los pecadores.

2. De todo lo que he dicho, es fácil comprender por qué tantos que profesan ser cristianos tienen tan diversos puntos de vista acerca de lo que el Evangelio realmente es. Algunos consideran al Evangelio como una mera conveniencia para la humanidad, donde Dios no es tan estricto como lo fuera bajo la ley. Piensan que pueden ser tan mundanos como deseen, y que el Evangelio vendrá y hará en ellos lo que falte, y los salvará. Otros consideran al Evangelio como una provisión divina que tiene como propósito principal la destrucción del pecado y la promoción de la santidad.

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (II Corintios 13:5).

Por Carlos Finney, extraído de Revista Rhema

 

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