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La mejor madre en toda la tierra

Cuando tenía once años, mi madre solía asistir a las reuniones de Kathryn Kuhlman en Pittsburgh (Pennsylvania). Ella vio cosas poco usuales que le cambiaron la vida por siempre. Un enorme bocio en el cuello de su madre desapareció instantáneamente delante de sus ojos.

Un segundo más tarde, un niño de cinco años que estaba sentado a su lado comenzó a saltar gritando: “¡Mami! ¿dónde estás? ¿Mamaíta, dónde estás?” La mamá estaba al lado del pequeño y contestó: “Cariño, estoy aquí”.

Mamá contaba: “Yo vi a ese niño saltar a los brazos de su madre y comenzó a gritar: ‘¡Mami, te veo! ¡Te puedo ver! ¡Oh Mami, te veo!’, y la madre gritó: ‘¡Mi niño nació ciego!'”

Mi madre tenía esta mentalidad desde una temprana edad: así será mi vida, y así continuó durante noventa años, hasta que se fue al Cielo a estar con Jesús.

Ella medía 1,50 m de estatura. Descubrió el secreto de la longevidad. Dos veces fracasó el cáncer en acabar con su vida. La primera vez, el cáncer se diseminó por todo su cuerpo y los médicos le dijeron que le quedaban cinco años de vida.

Eso fue hace 45 años. A los 87 años, el segundo cáncer fue extirpado quirúrgicamente, sin necesidad de quimioterapia. Hace años, los médicos presenciaron la desaparición de un tumor en su tiroides antes de hacerle una biopsia.

Hace diez años, los médicos querían amputarle un pie. Ella les dijo: “Cuando vaya al Cielo, me llevaré el pie conmigo”. Más tarde cambiaron de parecer. Ella pudo conservar el pie y caminar bien. La mayoría de los doctores que le dijeron que no le quedaba mucho para vivir murieron mucho antes que que ella.

Su gran oración cuando era atacada era: “Señor, si me debilito y me enfermo, ¿cómo podré ayudar a nadie y alcanzar a los perdidos?” Eso es todo. Entonces, comenzaba a sanarse.

Tras recibir la sentencia de cinco años de vida a causa del cáncer, Mamá sintió que debía visitar una iglesia distinta en la ciudad. Se fue con la Tía Sofía, quien había sido sanada tantas veces que la gente creía que estaba loca.

Ambas señoras llegaron temprano y se sentaron cerca de la primera fila antes de que llegasen los demás. Cuando Mamá se sentó, sintió una mano que le tocaba el hombro, lanzando una descarga eléctrica que atravesó su cuerpo y quemó el vello de sus brazos. ”

¡Supe que Dios me había sanado de cáncer!”, expresó. Después averiguaron que esa iglesia no creía en la sanidad, y yo creo que por eso Dios la sanó antes de que comenzase el culto.
Bill Yount
Fuente: elijahlist.org

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