Motivar

Los más grandes animadores. El mundo necesita más de ellos.

Grandes animadores de la Biblia
El ánimo me parece uno de los dones más fascinantes del Espíritu Santo. Una palabra amable en el momento justo puede romper el yugo de vida de una persona. Quisiera que vea la historia de Zaqueo y Jesús a través de la lente del ánimo (Lucas 19:1-10). Este hombre no tenía ninguna posibilidad de encontrarse con el Señor porque la multitud era demasiado grande.

Cuando Jesús lo vio en el árbol sicómoro, le dijo que bajase y porque iba a ir a su casa a comer con él. Esto enfureció a los religiosos de la población, pero tuvo un poderoso efecto sobre este recaudador de impuestos. Después de que Jesús pasó tiempo con él, animándolo, cambió su vida. Zaqueo incluso decidió que iba a devolver el dinero que había tomado indebidamente.

Cuando Jesús entra en nuestras vidas, se convierte realmente en nuestro mayor animador y consolador. El Señor me habla todos los días, y también puede hablar con usted si cultiva un oído para oír lo que dice el Espíritu. Quédese quieto y reconozca que Él es Dios. Aprenda a alcanzar la quietud. Aprenda a tranquilizar su corazón. Al hacerlo, se abrirá a oírlo mejor a Él, y lo que Él dice es increíble.

Cuando comienza a oír Su voz como ánimo, le cambia. Pasa de sentirse nervioso, deprimido y temeroso, a estar lleno de paz y de gozo. Dios tiene una forma de penetrar los lugares más oscuros de su corazón y comparte Su luz.

El nombre de Bernabé significa a “hijo de la consolación”. No queda totalmente claro si ese era su apodo o no, pero con los años, hemos oído a menudo que es buena cosa dar ánimos o consolar como Bernabé. Así pues, declaro que este es el momento en que la unción de Bernabé se derrama sobre el Cuerpo de Cristo.

El ánimo sirve para mucho.

He visto como el ánimo abre a iglesias enteras a la gloria de Dios. Recuerdo que cuando aprendí esto, yo no sabía que Dios podía tener una palabra de ánimo para los demás. Yo sospechaba que Dios no congeniaba con la gente que me caía mal a mí. Sé que esto suena raro y estoy bromeando un poco, pero mi comportamiento parecía proyectar esta idea.

Había una señora que no hacía más que venir a mi iglesia quien no me parecía simpática. De hecho, intenté evitarla tanto como fuese posible. Recuerdo que el Señor me sorprendió in fraganti. Me preguntó: “¿Qué estás haciendo?” Cuando el Señor habla de esta forma, no es porque necesite una respuesta. Es porque le ha pillado en el acto. Respondí: “Señor, me cae antipática esta mujer… ¿cómo puedo darle ánimos?”

Él me respondió: “¿Acaso no crees que tengo pensamientos para prosperarla y bendecir su vida?”

Yo le dije: “No lo sé”.

El Señor me retó: “Pregúntame lo que pienso Yo”. Entonces, eso hice. Recuerdo que aquella noche cerré bien los ojos cuando vino aquella señora para recibir oración y brotó una palabra en mi corazón. No abrí los ojos durante uno o dos minutos mientras profetizaba palabras de ánimo. Cuando finalmente abrí los ojos, ella lloraba con grandes lágrimas. Algo se rompió en la mujer cuando oyó la voz de Dios.

En ese momento cambié. Quería dar ánimos a todos los que me encontraba. Comencé a creer a Dios para dar palabras a todos. Y me las dio. Yo oraba por personas quienes quedaban afectadas dondequiera que fuese. De hecho, empecé a ser conocido como el “Profeta gozoso que siempre tiene palabras de ánimo”.

A pesar de esto, hay algunas personas con quienes me cuesta congeniar. Pero ahora mi planteamiento es distinto. Recuerdo que hace poco visite una iglesia en la que había un hombre a quien yo le caía muy mal. Él no hacía más que mirarme fijamente con desaprobación. Pensé en compartir la mejor palabra de Dios posible sobre él. Incluso acerté su nombre. No obstante, se marchó tan disgustado como cuando llegó, pero ahora sabe que Dios conoce su nombre y sabe que Dios tiene un plan para su vida.

Usted también puede dejarse usar del mismo modo. La próxima vez que ore por alguien, pregunte al Señor como Él lo ve. Quedará usted asombrado de lo muchísimo que Él ama a las personas por las que usted ora. Pida a Dios que derrame Su amor a través de su corazón. Esta es la esencia de Romanos 5:5. Dios ama a todo el mundo y tiene un destino para toda persona que ha creado. Pida al Señor que le permita ser un vaso a través del cual el Espíritu Santo ama al mundo. A Él le encantan este tipo de oraciones.

Y ahora yo oro por usted y pido que el Espíritu Santo le confiera una nueva unción para que usted se convierta en el Bernabé de esta generación. Que usted esté ungido para la tarea y corra por esta senda a partir de ahora hasta llegar a la eternidad. Dios puede hacer que Su gracia abunde en su vida. Él puede hacer todas las cosas a través de usted y le fortalecerá. Permita que Él profundice hoy en su corazón.

Darren Canning
Fuente: elijahlist.org
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