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Salvador Delluti analiza. ” En primera plana ” (Spotlight) una pelicula para reflexionar

“En primera plana” (Spotlight), la película de Tom McCarthy estrenada este año en la Argentina y ganadora del premio Oscar a la mejor película, no es un film pochoclero: no tiene efectos especiales, ni un protagonista de impacto.

Hay que mirarla detenidamente, sin perder detalle porque trata un tema complejo y vergonzoso: la pedofilia dentro del ámbito religioso. Está basada en un suceso verdadero y documentado; los actores encarnan a las personas reales.
La crítica Jessica Blady, de Vorterix, dijo: “En primera plana se ubica dentro de la tradición de películas como Todos los hombres del presidente , duras, concisas y sin artificios, donde se destaca la labor ética del periodista, sólo que acá los temas son mucho más duros de tragar que los escándalos políticos”.

La comunidad de la ciudad estadounidense de Boston, religiosa y conservadora, oculta un entramado perverso en donde están comprometidos desde religiosos de alto rango hasta abogados y periodistas.

“En primera plana” narra el trabajo de un equipo de cuatro periodistas al que se le encomienda la investigación de los abusos de menores por parte de sacerdotes. La tarea no resultará fácil: cuando el editor del diario se entrevista por primera vez con el cardenal de Boston en un encuentro protocolar, recibe una propuesta: “Trabajemos juntos, colaboremos”. La respuesta del periodista es contundente: “Creo que es mejor que nosotros trabajemos por nuestra cuenta”. A partir de ahí, comienza una sorda lucha en busca de la verdad. Los periodistas abocados a su tarea deben hacer preguntas incómodas, confrontar con viejos amigos, interrogar a víctimas y familiares que por vergüenza retacean información, soportar la presión de las instituciones religiosas que no quieren perder prestigio y enfrentar a abogados que lucran con el tema realizando arreglos extrajudiciales. Finalmente, logran contactar a más de seiscientas víctimas y denunciar a casi noventa sacerdotes. El tema del celibato sobrevuela tácitamente toda la película como un fantasma que genera este tipo de aberraciones.

¿Cómo alcanzó el problema esa dimensión en una población que no superaba el medio millón de habitantes? La razón es muy clara: cuando el pecado no se ventila y condena a tiempo con el fin de proteger al perverso para conservar el prestigio, termina por corromper toda la comunidad. Algunos dejan que el mal avance por miedo, otros por vergüenza, otros para no dañar su reputación y hay quienes se silencian por cobardía, asustados por las presiones de los que tienen poder.

La fachada religiosa como una cáscara vacía se sostiene con una liturgia hueca que carece de contenidos éticos y morales. El cardenal Law, arzobispo de Boston, sabía de los crímenes y aun así decidió proteger y encubrir a los pederastas. Pretendió mantener el prestigio a cualquier precio y lo único que consiguió fue que el mal se multiplicara. No tuvo compasión de las víctimas: se limitó a trasladar a los perversos a otras localidades donde volvieron a cometer las mismas aberraciones. Ante un caso de corrupción, el apóstol Pablo ventiló el asunto y mandó a la iglesia en Corinto sacar al perverso de la comunidad.

El equipo de periodistas del diario The Boston Globe tuvo que vencer muchos obstáculos para llegar a la verdad y lograr que actuara la justicia. La comunidad bostoniana se había acostumbrado a vivir en la mentira, temía a la verdad y mantenía una fachada piadosa mientras la jerarquía religiosa ejercía presión sobre el diario y los periodistas intentando que no se ventilara la corrupción.

Salomón escribe en Eclesiastés que “al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre sólo piense en hacer lo malo.” Lo sucedido en Boston es un buen ejemplo de esto: el mal se fue extendiendo hasta que una red de ocultamientos y complicidades terminó por envolver a toda la comunidad.

Cuando todo fue descubierto, el cardenal Law renunció a su cargo, pero fue trasladado al Vaticano para que cumpliera funciones en Santa María Maggiore, la iglesia más importante de Roma luego de San Pedro. Vive en un palacio renacentista, asistido por tres personas solventadas por el clero… Incomprensibles contradicciones.

Es saludable que Hollywood, esa fábrica de insulsas fantasías, haya tomado otro camino para producir una película como “En primera plana”. De un tono lineal, alejada de los golpes bajos o los efectismos de otros productos, seguramente no tendrá un gran éxito de taquilla. Su mérito está en ventilar un problema actual, que excede los límites de los Estados Unidos y la Iglesia Católica. Todo esto merece una reflexión que no se restrinja al tema tratado en la película.

Los fariseos comenzaron siendo un grupo renovador y se transformaron en hipócritas religiosos que censuraban el mal en el prójimo y no veían sus propios pecados. Jesús tuvo para ellos las palabras más duras y condenatorias de todo su ministerio, censurando su hipocresía.

El materialismo, el exitismo y la corrupción económica y moral se han infiltrado en muchos ámbitos religiosos. Esto ha sucedido siempre, pero lo alarmante es que en este tiempo no se actúa con la energía necesaria ni se defiende el principio de integridad que tiene que caracterizar a la fe cristiana. Cuando no se sancionan con rigurosidad a los corruptos de cualquier signo y el espíritu corporativo actúa protegiéndolos, se atenta contra los que mantienen una conducta digna y sienten como un alto honor su ministerio religioso.

“En primera plana” tiene muchas otras aristas que convendría analizar, pero limito la reflexión a este aspecto particular porque denuncia un problema que hoy está afectando el testimonio de la iglesia.
Fuente: pulsocristiano.com

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