Si algo es difícil de cultivar en el carácter es la paciencia, pues ello implica saber esperar. El dicho conocido y generalizado dice “ el que espera desespera”, es que estar aguardando lo que la carne anhela es una tortura para el ego. Se debe tener en cuenta que la carne, lucha contra el espíritu, que el hombre exterior esta enfrentado con el hombre interior.

El hombre exterior es mental, calculador frío, especulador, busca siempre salirse con lo que le conviene solo a el, el dicho preferido del hombre exterior es: “primero vos”. El hombre interior el que no se ve es el que estará en sintonía con Dios, pues la paciencia es un fruto del hombre espiritual.

En el libro a los Romanos en el capitulo 5:1 y versículos siguientes, nos dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. Por la fe somos hechos justos delante de Dios y eso nos da paz, a pesar de estar en paz con Dios padeceremos tribulaciones y estas nos darán paciencia.

Este mecanismo de desgaste del hombre exterior significa llenar la solicitud e ingresar en la universidad de Dios, la tribulación por causa de Dios nos lleva a la paciencia, el hombre interior se va vigorizando, crea músculos interiores y es de esta forma capacitado para enfrentar nuevas batallas.

Al hombre exterior, al carnal, egocéntrico no le gusta esto y se rebela, el no quiere paciencia, el desespera y no sabe esperar, quiere ya lo que desea. De esta actitud carnal pecaminosa surgen las envidias y codicias, los rechazos y desprecios, los enfrentamientos y las guerras.

En Santiago 5:7.8 nos da el ejemplo del labrador: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.

Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca”. El labrador, el campesino, el agricultor esta ampliamente ejercitado en tener paciencia, es que el planta la semilla y luego debe esperar que la naturaleza ayude, para que la cosecha se pueda llevar a cabo con las mas óptimos resultados.

El labrador aprendió en la espera a depender, su experiencia acumulativa de años de siembra y cosecha, de perdidas y ganancias, lo llevaron por una senda de altibajos que lo hicieron aprender a ser paciente, a saber que no depende de el, de sus fuerzas, de su inteligencia, sino del clima y este depende de Dios. La paciencia no es gratis, no se compra, pero el hombre interior, el que aprendió como el labrador a esperar la lluvia temprana y la tardía, sabe que la paciencia debe cumplir el ciclo, que Dios le ha puesto, el cual es tribulación, paciencia, prueba, esperanza. Esa es la ecuación que el hombre interior sabe manejar y que a medida que se va perfeccionando en este ciclo va creciendo en el reino de Dios.

El hombre interior sabe que si deja que el ciclo completo de la paciencia se lleve a cabo en el, entonces el amor de Dios sera derramado en su corazón y que ese perfecto amor producto del Espíritu Santo echa fuera todo temor,

El hombre exterior es esclavo del temor y por ello es competitivo, tiene graves traumas y trastornos almaticos mentales, pues el temor lleva en si castigo, 1 Juan 4:18 “ En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo.

De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. Si, el hombre exterior, el carnal, el mental, calculador es temeroso, por eso es agresivo, agrede a otros por temor, compite por temor, y eso lo hace porque no esta en paz ni con Dios ni con el mismo, menos aun con su prójimo.

El temor lleva en si castigo, conduce al infierno. Nunca es tarde para volver a empezar, Dios siempre esta llamando, invitando a los humanos a que ingresen a su universidad, el desea instruirlos en el arte de la paciencia.

Dios desea hacer de cada individuo un labrador celestial, un hombre que mire hacia dentro de si mismo y que tenga deseos de labrar la tierra de su corazón, esto es todo lo que Dios pide y luego El hace. La mirada hacia adentro habilitara los recursos del cielo, porque ese acto de fe, significara decirle, si Jesús te necesito, estoy cansado, agotado de vivir en el hombre exterior, dame la paz y paciencia del hombre interior. Autor: JC Aguirre

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